Historia
“Aragón tierra de paso” dicen algunos, pero hay lugares en esta tierra que se resisten a dejar pasar así porque si al visitante, al viajero o al amigo que siempre tiene que volver. Uno de esos lugares que retiene y se queda en la memoria azuzando al cuerpo para el regreso es Alhama de Aragón.
Siempre a la contra, regada por mil manantiales en tierra de secano, floreciente en frontera de tierras ahora baldías, lugar de estancia obligada desde época romana y musulmana después, con asomos de modernismo decimonoico en contraste con otros pueblos de su entorno que lucen arquitecturas mudéjares y barrocas. Musulmana, castellana después y aragonesa hoy, pero nunca quieta. Ya observó el poeta Benjamín Jarnés hace casi un siglo que Alhama tenía durante el día una ebullición inusual para un pueblo de su tamaño a la vez que ofrecía los mejores lugares para encontrar el sosiego y el reposo del cuerpo.
Y a la contra fue la familia Traid Tirado cuando en 1980, siguiendo el camino inverso que llevaba a muchas familias a buscar su vida en la ciudad, adquirió la casa donde ahora se encuentran los apartamentos rurales “El Rapallo” para instalarse en este pueblo de Alhama.
La fisionomía de la calle y de la casa es obra de aquellos arquitectos de la sostenibilidad que eran los sabios lugareños de antaño. Calles estrechas vetadas a la velocidad del coche, pensadas para ser recreo del niño y del anciano, resguardo de la helada en invierno y del sofocante estío. En la casa paredes de adoba gruesas para que el interior lleve la contraria al calor y al frío.
En la década de los 90 y primeros años del 2000 la casa se abandonó prácticamente, quedando deshabitada hasta que el matrimonio Ángel Vicioso y Raquel Traid decidieron rescatar de la ruina aquel pedazo de sus vidas para compartir algo que creen que vale la pena, su tierra, su pueblo, su calle , su casa.
Decidieron mantener lo esencial del edificio, su estructura recia pero con amplios balcones, terrazas y ventanas. Conservar el viejo adobe en sus muros reforzado con ladrillo macizo aragonés y mantener una fachada exterior acorde a la arquitectura de la calle.
En el interior han elegido una decoración original con muebles de estilo colonial que junto a la pintura, los papeles y escayolas de paredes y techos dan un aire romántico a cada apartamento que recuerda aquellas estancias de la “belle époque” reflejo de la época dorada de los balnearios de Alhama.
Ángel y Raquel han construido el lugar donde quisieron vivir, al detalle, con generosidad, pensando que cada día puede venir un amigo. Y conociendo a la pareja ,lo que es seguro ,si te animas a conocer esos valles, es que será difícil que te vayas de allí sin ser su amigo.
Antonio J. Traid